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Cuentos y Relatos de México

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LA MUJER SERPIENTE

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PobreEl mejor 

 

          Miguel Ángel vivía en el próspero rancho “Las Liebres” al Norte de la colonial ciudad de Morelia en compañía de sus padres, era el único soltero que quedaba en la familia y a sus 28 años no había encontrado aún a la dueña de su corazón; tampoco mostraba mucha prisa por hallarla ya que existían otras cuestiones mas importantes de momento, según decía. Por ejemplo aplicar sus conocimientos de agrónomo en sus propias tierras; o, por que no; pasear sin ninguna atadura de pareja por el bello centro de la ciudad y sus lugares históricos: Como la casa natal de Morelos, o el colegio de San Nicolás de Hidalgo en donde fue rector don Miguel Hidalgo, o las casonas donde se llegaron a hospedar el emperador Maximiliano, don Porfirio Díaz, el naturista Alejandro de Humbolt y otras celebridades; o sencillamente disfrutar de la hermosa catedral  saboreando un buen café en los pintorescos portales, así se justificaba para no enamorarse.        

 

Frecuentemente después de comer, quizá las sabrosísimas corundas que le preparaba su madre y de postre un rico ate de guayaba, salía con su escopeta a una llanura cercana en busca de conejos, liebres, ardillas etc.  Al centro de ésta se levantaba una mediana loma con un pedregal en la cima; este lugar, con el recalcitrante Sol del medio día que calentaba las piedras altamente resultaba ideal para la fauna de sangre fría, como lagartos y reptiles, pero muy incómodo para otro tipo de animales a esa hora; por eso Miguel Ángel echaba un vistazo por ese paraje, cuando ya la brisa de la tarde refrescaba un poco.         Así pues, aquel día como tantos otros, después de comer salió de la finca en el jeep con el logotipo “Rancho las Liebres”; tras diez minutos de brecha llegó a la llanura agostadero propiedad de su familia. Bajo frondoso árbol estacionó el vehículo, para enseguida escopeta en mano avanzar por la orilla de una barranquilla flanqueada por arbustos y árboles de gran follaje.        

Con caminar cauteloso y alerta propios de un cazador experto, Miguel Ángel concentraba sus sentidos en captar cualquier ruido que delatara la presencia de alguna presa. Por eso se intrigó profusamente cuando creyó escuchar aquello… Se detuvo para tratar de oír mejor… Si, en efecto, no había duda, alguien, una voz femenina entonaba un raro cantar.        

Se dio cuenta que aquella tonadilla provenía de la loma distante como a medio kilómetro. Que raro pensó, aunque el sol ya no era tan fuerte; aún así, el pedregal no es lo mas apropiado para que nadie estuviese por ahí, y menos cantando.        

Con creciente curiosidad se encaminó en esa dirección, conforme avanzaba lo percibía mas claro… No, no era una entonación común ni nada parecido; más bien sonaba como una extraña alabanza religiosa emitida por una voz melodiosa y dulce.        

Aguzó el oído, si, resultaba fascinante, atrayente, hechizante; la autora de aquella embrujante melodía estaba del otro lado de la loma… Como hipnotizado, Miguel Ángel siguió avanzando, ahora bordeando la protuberancia del terreno para lograr ubicar a quien cantaba de manera tan singular.        

Cuando vio lo que ya buscaba con ansiedad, quedó asombrado; en lo alto del montículo pedregoso estaba una mujer sentada sobre una enorme piedra, le daba la espalda, su vestido color blanco, su ondulante y negro pelo, se mecían suavemente  con la brisa de la tarde que empezaba a soplar.        

Con paso lento, poco a poco fue ascendiendo la abrupta loma; mil pensamientos cruzaban por su mente. Aquella extraña mujer parecía no percatarse de su proximidad.        

Cuando estaba ya muy cerca, de pronto, como si lo sintiera, dejó de cantar y se paró; enseguida, lentamente empezó a darse la vuelta. El joven agrónomo sentía como le palpitaba el corazón de la expectación, luego, la pudo mirar de frente y quedó anonadado, estupefacto, impresionado… Era una joven bellísima, increíblemente hermosa; ésta, le sonrió mostrando una blanca y perfecta dentadura al tiempo que le decía  ___ ¡Hola!___  Así de golpe, lo que mas le impactó fueron sus extraños y enigmáticos ojos; ojos zarcos, entre verdes y grises, profundos y penetrantes, como dos lagos en un brumoso amanecer.        

Sólo le fue posible contestar débilmente, como en un susurro ___Hola___  Quedaron unos segundos mirándose a los ojos, por fin el joven agricultor logró hablar con mas firmeza diciéndole ...    

     ___ ¿Quién eres? ... ¿Cómo te llamas? ... ¿Qué haces en este lugar tan peligroso? ... ¿Acaso no te das cuenta que las cuevas bajo las piedras, están llenas de reptiles?___  Esperó su respuesta…         ___Preguntas muchas cosas al mismo tiempo… ¿Quizá porque estoy en tus tierras?___  Dijo esto aquella muchacha sin dejar de sonreír. Miguel Ángel, desconcertado ahora por su respuesta y sintiendo su profunda mirada, sin salir de su asombro esbozó una incierta sonrisa…         

___Bueno… Empecemos por la primera… ¿quién eres?___         

___Ahora si nos entenderemos___   dijo esto con un gracioso gesto que al joven le pareció mas hermosa, y prosiguió…         

____Vivo en aquel pueblito cerca de Morelia con mis padres, nos cambiamos hace poco… Me llamo Argelia… Y estoy aquí porque descubrí este maravilloso lugar que me encantó___        

___ ¿Maravilloso?___ Exclamó el joven, al tiempo que echaba un vistazo al caliente entorno lleno de piedras… ___ ¡Bueno! ¡Allá tú!... Pero tengo mas preguntas___  Miguel Ángel estaba ya más sereno y al mismo tiempo fascinado con la enigmática muchacha.  ___ ¿Cómo sabes que son mis tierras? Y ¿quién te dejó entrar?___ El agrónomo sonreía y no dejaba de admirar la impresionante belleza de aquella joven.         

___Muy sencillo… Me gustó el lugar para pasear, no faltó quien me informara que las tierras son de tu familia… Una familia muy conocida en la región___  luego prosiguió sin dejarlo hablar  ___Por lo tanto, apliqué lo que dice el refrán… ¡Vale mas pedir perdón que permiso!___   La muchacha seguía sonriendo encantadoramente.        

___Muy bonito refrán… Nada más que… Hay un detallito que no encaja… ¿Cómo sabes que soy parte de la familia propietaria de estos terrenos?___           

___Por simple deducción… Me dieron tu descripción… Me platicaron de tu afición a la cacería… Y que frecuentabas estos llanos a esta hora… ¿Verdad que no es ningún misterio? ... ¿Miguel Ángel?___  Esto último, su nombre, lo enfatizó…         

___Parece con sentido… Pero ahora contéstame otras cosas… ¿Por qué informarte sobre mí?... ¿Cómo te puede gustar este inhóspito lugar? ... ¡No entiendo como  soportas el calor y lo candente de las piedras, además de los peligros que te señalé?___         

___Comprendo que te resulte extraño… Pero, pues… Necesitaba saber a quien pedirle perdón por la incursión a este lugar en que me siento como en mi casa___  con su hermosa sonrisa y la profunda mirada, continuó diciendo… ___Ahora si no te gusta que esté aquí, porque es tu propiedad… ¡Me retiro!___   Dio algunos graciosos pasos, entonces se oyó la voz del joven agricultor, que casi gritó.                          

___ ¡No! … ¡Espera!___         La joven se detuvo; volteo y lo miró con cierta altivez, clavándole aquellos profundos y extraños ojos zarcos.                          

___ ¿Si?___         

___¡Es que! ... ¡No te puedes ir nada mas así Argelia! ... Quiero decir que… Desde luego que no me molesta en absoluto tu presencia___   y continuó un poco inhibido y desconcertado ante la fuerte personalidad de aquella bella hembra.  ___Al contrario… Por favor… Quiero platicar… Saber más de ti… ¡Pero! ... ¡Vamos a una sombra! ... ¿Acaso no sientes el calor?___  La mirada de Miguel Ángel era de extrañeza profunda.          

___Quizá en otra ocasión… Porque ya tengo que regresar___   La hermosa joven se dispuso a seguir caminando; entonces la voz  desesperada del dueño de aquellas tierras se volvió a escuchar ya hasta con angustia.         

___ ¡Por favor! ... ¡Te lo suplico! ...¡No te vayas! ...¡Necesito saber más de ti! ... ¡Bella muchacha!___           

___Te aseguro que regresaré, pues este lugar me resulta más agradable de lo que te imaginas… Desde luego… Si tú me lo permites, pues son tus tierras ¿no?___   Dicho lo anterior con tono irónico, como de broma, continuó caminando con tal gracia y agilidad que a Miguel Ángel le pareció que su desplazamiento era ondulante, como flotando y muy sensual…          

____¡Espera Argelia! ... ¡Permíteme acompañarte!____          

____¡No te molestes Miguel Ángel! ... ¡Se muy bien el camino de regreso!___            

____ ¡Por lo menos dime cuando volverás!___  Alzó la voz, pues la chica ya estaba a cierta distancia.           

___¡No lo se! … ¡Cualquier tarde como ésta!___   También ella medio gritó para que la escuchara.          

Miguel Ángel quiso decir más, pero, era increíble la rapidez con que se alejaba… En unos instantes, solo se distinguía una borrosa figura a la distancia aparentemente dirigiéndose al cercano poblado.         

___Regresa pronto por favor Argelia___        Estas palabras las pronunció en voz baja, solo para si mismo; pues sentía que había quedado prisionero de un embrujo… Lentamente, con la mirada perdida, regresó a su jeep… En su mente solo existía una imagen y en sus labios un susurro que repetía casi sin darse cuenta… ¡Argelia! ... ¡Argelia!        

A otro día y en los subsiguientes, el joven agrónomo acudió ansioso al lugar a la misma hora, ya ni la cacería le interesaba, su único ardiente deseo era verla nuevamente; pero la hermosa mujer que le había robado la calma no volvió a aparecer. Después de dos semanas de incertidumbre, el ferviente anhelo de ver de nuevo a tan bellísima muchacha se le hizo una obsesión; ya hasta dudaba que hubiese sido realidad, empezó a perder el sueño y el apetito.          

Cuando aquellas emociones torturantes le resultaban ya insoportables, decidió ir al poblado a buscarla; pero por más que indagó, nadie supo darle razón de ella, todos se extrañaban de sus preguntas, jamás habían visto a una joven con esas características.         

A pesar de su desaliento, puntualmente siguió acudiendo al lugar donde no perdía la esperanza de volver a oír la melodiosa voz, y ver la hermosa figura de aquella embrujante hembra que con una sola vez que la trató, transformó su vida; por supuesto su familia estaba muy preocupada, pero por mas que le preguntaban el motivo de su congoja, no lograban que les dijese nada.         

Tres semanas habían transcurrido desde aquel encuentro que le pareció un hermoso pero también desquiciante sueño. Como todos los días desde entonces, esa tarde, terminando de comer abordó su jeep y enfiló rumbo al llano de la loma pedregosa; sentía el corazón oprimido por el desaliento.          Estacionó su vehículo como siempre bajo el follaje del frondoso árbol,  se apeó y echó a caminar lentamente por la vereda que bordeaba la barranquilla; mas adelante se sentó sobre una piedra sombreada, sacó un cigarrillo, lo encendió y exhaló el humo; allá a lo lejos, veía la hermosa catedral de Morelia al centro de la histórica ciudad, y muy cerca de el la loma pedregosa; observó también lo candente del entorno que se manifestaba en las rocas en forma de delgadísimo, vibrante, e incoloro humo; en el horizonte, enormes nubes cúmulos emergían majestuosas.        

Pasó un buen rato en el que fumó varios cigarrillos, el sol se movía lentamente hacia el Poniente, la fresca brisa del atardecer comenzó a soplar suavemente… Cuando de pronto… Todo su cuerpo y sus sentidos se tensaron, se agudizaron… La melodiosa voz de Argelia la comenzó a escuchar como en oleadas que arrastra el viento.         

Apagó el cigarro tembloroso y con la mirada fija en la loma, como autómata, como hipnotizado, empezó a caminar en esa dirección. La hechizante melodía entonada con tan hermosa voz cada vez la percibía subyugantemente mas cerca; y a diferencia de la primera vez, ahora sabía quien entonaba aquello.         Llegó al pie del montículo, luego empezó a bordearlo hasta que la vio nuevamente en la parte mas alta, como en un espejismo; también igual  que la vez anterior, comenzó a subir apoyándose en las piedras aún calientes, y como la vez anterior al estar ya muy cerca de ella; esta pareció darse cuenta, se puso de pié y lentamente dio la vuelta, su capacidad de percepción resultaba increíble, casi anormal.        

El hermoso rostro que lo llevaba tan grabado, pero aún más bello, como si hubiese cambiado de piel, quedó frente a él con aquella sonrisa de dientes perfectos… Pero… ¡Oh! ... Sus ojos… Que impresionantes ojos de profunda mirada verde gris, como brumosos lagos… Solo pudo decirle con voz entrecortada...  ___ Argelia… Al fin te vuelvo a ver___  Estaba en éxtasis, ante la visión casi increíble y fantástica de aquella belleza  ___Argelia… ¿Dónde estabas?  ... Te busque en el pueblo… Ninguna persona me informó de ti… ¿quién eres realmente Argelia?___  Miguel Ángel le preguntó aquello con ansiedad              

___Como te dije la primera vez, preguntas muchas cosas al mismo tiempo___  la desquiciante mujer miraba profundamente con sus ojos zarcos al joven, y prosiguió   ___Pero ya no importa… Porque yo también he pensado mucho en ti… Miguel Ángel___  Ni el más leve parpadeo salía de aquellos misteriosos ojos.                             

___ ¡Pero es que!___          

El agricultor trató de hablar, sin embargo,  la fuerte mirada de Argelia se lo impedía; se dio cuenta de pronto que se sentía como un ratón o un pajarillo, como una presa. La dominante y bellísima mujer, dijo entonces…           

___¡Vendré diario a la misma hora! ... ¡Te lo prometo! ... ¡Pero ahora me tengo que ir! ... ¡La tarde empieza a enfriar!___  Al decir esto se restregó los torneados brazos observando al Sol que empezaba a declinar  ___ ¡Odio el frío! ... ¡No te imaginas cuanto Miguel Ángel!___  Enseguida empezó a caminar con aquellos movimientos ondulantes que al joven le resultaban altamente sensuales; luego se detuvo y con femenina gracia volteo sonriente para decirle…   

___ ¡Hasta mañana!___         

El Agrónomo quiso contestar, pero se dio cuenta con mental sobresalto que estaba paralizado, como les suele suceder a los roedores frente a las serpientes. Se limitó impotente a ver como se alejaba con esa agilidad increíble, y aquel ondulado caminar que le exacerbaba los sentidos; a la distancia, no supo ni a que hora desapareció.        

En su mente seguía clavada aquella mirada penetrante, fría, dominante  ___

___ ¡Oh! ... ¡Sus ojos! ... ¡Esos ojos! ... ¿Qué tienen sus ojos?___  Por fin, volviendo de su inexplicable letargo dio algunos pasos y se detuvo, estaba mareado; se recargó en una roca sacó un cigarrillo y lo encendió, exhaló el humo y continuó caminando en dirección a su jeep.         

Esa noche apenas durmió. Por fin amaneció, luego con ansiedad, casi con angustia, contó las horas y los minutos que faltaban para que llegase la tarde, y con ella la hora de la cita. Argelia le había dicho… Yo también he pensado mucho en ti… Vendré diario a la misma hora.        

Al fin llego el momento; abordó su vehículo con una desconocida emoción y se dirigió hacia el agostadero del agreste y pedregoso montículo, que no se explicaba porque a la enigmática y bella mujer le agradaba tanto.        

Llegó al frondoso árbol donde siempre se estacionaba. Bajó lentamente  y se sentó en la parte delantera del jeep. Con la mirada clavada en la loma encendió un cigarro haciendo casita al fósforo con las manos; conforme transcurrían los minutos, su incertidumbre aumentaba al grado que la espera se tornaba dolorosa; varios cigarrillos a medio consumir los había arrojado al suelo.        

Por fin… Sus músculos y su mente se tensaron como la vez anterior, la sangre se agolpó en sus sienes escuchando claramente los latidos de su corazón… Si… Ahí estaba Argelia… No le había mentido; la embrujante voz de la joven entonando aquella rara melodía le llegaba en oleadas. Como autómata empezó a caminar hasta escalar la loma; enseguida la vio y como las veces anteriores, solamente al estar muy cerca es que ella volteo, como si lo estuviese mirando a pesar de estar de espalda.         

Estaba hermosísima, radiante, con su bella sonrisa de dentadura perfecta; solo sus ojos como siempre lo desconcertaban, lo hacían sentirse como ratoncillo, como pajarillo o conejo; la plena sensación de estar indefenso.                        

___Te esperaba Miguel Ángel___        

Al decirle esto, quedaron tan cerca que ambos parecieron atraerse como imanes fundiéndose en un apasionante beso… El sintió que se hundía en un desconocido abismo de éxtasis.        

A partir de entonces, diariamente se encontraron a la misma hora y en el mismo lugar, aumentando cada vez mas la pasión del agricultor; hasta que la razón de su existir era solamente los momentos que pasaba con ella… Estaba perdidamente enamorado.        

Lo único que le entristecía es que muy poco tiempo permanecían juntos, y aunque el sentía que la amaba profundamente, ella jamás le había dicho… Te quiero… Pero no le importaba; lo que si lo desconcertaba era que jamás permitía que la acompañara a su regreso, por lo que se limitaba solamente a ver como desaparecía en la distancia con su ondulante y sensual caminar.        

Los celos empezaron a lacerarle el alma. Cierto día ya no se aguantó y decidió seguirla; necesitaba saber a donde se dirigía, donde vivía… Quien era en realidad.          

Así es que, con mucha cautela fue tras sus pasos. Como lo sospechaba, no iba al pueblo, porque mas adelante y cuando ya casi la perdía por la gran agilidad con que caminaba, se desvió en dirección a un paredón cubierto de arbustos y de rocas; siguiéndola, atrás de la vegetación descubrió una cueva entre los peñascos. Cuando llegó a la entrada, vio con asombro la ropa y los zapatos de Argelia cuidadosamente acomodados en el suelo… No lo podía creer… ¿Acaso la bella joven… Penetró a la cueva desnuda?... ¿Pero porque?... ¿Para que?...         

Se adentró también ahora con mayor cautela, y mas aún, porque  había por todas partes grandes cascarones de cambios de piel de una gigantesca serpiente, su experiencia de cazador le permitía ser sigiloso; de pronto, quedó helado por lo que escuchaba… Los conocimientos que poseía de la fauna y sus sonidos le trasmitían un terrible mensaje… Sin lugar a dudas… A sus espaldas… Estaba una gran víbora de cascabel a punto de atacar.        

Empezó a girar lentamente, sabía que no debería de efectuar movimientos bruscos; el sol filtraba algunos rayos del atardecer que daban suficiente claridad al lugar.        

Cuando se dio la vuelta completamente quedó paralizado de horror, para enseguida proferir un alarido…        

___ ¡Aaaaaah! ... ¡No puede ser! ... ¡Dios Mioooooo___        

Argelia, su amada Argelia estaba a la mitad de una espantosa metamorfosis; su cuerpo, de la cintura para abajo ya se había trasformado en una gran serpiente de enorme cascabel,  mismo que sonaba escalofriante; la parte superior se le estaba llenando de escamas, su hermosa cara aún permanecía intacta, solamente sus ojos eran dos abismos de aguas turbias…         

___ ¡Por que me seguiste amor mío? ... ¡No debiste desconfiar! ... ¡Realmente nunca hubiese querido que te enteraras! ... ¡Porque me empezaba a enamorar de ti! ... ¡Y no quería, ni quiero causarte daño alguno!___  La horrible metamorfosis seguía avanzando; ahora la cara se le estaba triangulando; le adelgazó y alargó la lengua que le terminaba en dos puntas que comenzaba a sacarla y meterla con gran rapidez…        

___ ¡Aún estas a tiempo amado mío! ... ¡Vete ya! ... ¡Huye!  ¡Corre!... ¡No quiero dañarte! ... ¡Hazme caso por favor! ... ¡Antes de que sea demasiado tarde!___ La mujer se contorsionaba y hablaba ya con dificultad cuando la transformación casi era total.             

Miguel Ángel con los ojos desorbitados, a punto de enloquecer; empezó a caminar lentamente hacia atrás, dio algunos traspiés, cayó al suelo y como pudo se levantó y continuó retrocediendo, para enseguida dar media vuelta y salir corriendo dando alaridos.        

Unos peones lo encontraron por el camino lejos del Jeep, caminando con la mirada en blanco, parecía que había perdido la razón.        

En efecto, el joven agricultor quedó trastornado desde entonces. Ahora permanece sentado todo el día sobre una silla de ruedas en un corredor del rancho con una cobija sobre las piernas, está bajo tratamiento psiquiátrico, frecuentemente repite…         

___ ¡Era una serpiente! ... ¡Ella era la mujer serpiente!___       

Algunas veces, cuando comienza a soplar la fresca brisa de la tarde; se escucha el raro cantar como un murmullo que arrastra el viento, proveniente de la loma de piedras recalcitrantes a esa hora.       

Entonces Miguel Ángel se perturba completamente, trata de ponerse en pie al tiempo que grita…          ___¡Argeliaaaaa! ... ¡Argeliaaaaa! ... ¡Amor miooooo! ... ¡Porque no me lo dijisteeeee! ... ¡Que eras una serpienteeeee! ... ¡porqueeeee! ... ¡porqueeeee!___  Enseguida llegan sus familiares para calmarlo, cuando es necesario le inyectan un tranquilizante.        

Los peones murmuran entre si, al tiempo que se persignan…         

___ ¡Le está hablando a la mujer serpiente! ... ¡Sobre la que se dice que pesa una terrible maldición desde hace varios siglos!.. ¡Y que hoy en día busca hombres para llevárselos  al infierno!..  ¡Ave Maria purísima!___        

Cierto día, el viento de la tarde soplaba mas fuerte que de costumbre refrescando del calor sofocante. A lo lejos, en los azules cerros del Oriente, negros nubarrones amenazaban tormenta al tiempo que zigzagueantes centellas se desprendían con furia.        

Entonces, el murmullo melancólico llegó a los oídos de todos los que estaban en la finca tan claramente que parecía flotar por las copas de los árboles. Los peones nerviosos se miraron unos a otros, los padres del joven enfermo no estaban en ese momento. Cuando aquella desquiciante entonación melodiosa y femenina la escuchaban con más fuerza, repararon que el joven Miguel Ángel no estaba en su silla de ruedas.        

Al no encontrarlo por ningún lado, dos de ellos subieron a un jeep y se adentraron por la brecha rumbo al llano de la loma. Sabían que ya otras veces intentó llegar a ese lugar y que se lo habían impedido.         No se equivocaron, cuando estuvieron cerca del árbol grande donde acostumbraba estacionarse, lo vieron ya muy próximo de la cima del montículo de piedras… Pero quedaron estupefactos cuando observaron que una mujer de blanco vestido, con los brazos extendidos lo estaba esperando. El cuadro era impresionante, ya que lo enmarcaba al fondo la negra tormenta que se acercaba con toda su fuerza y furia de rayos y centellas.        

Lo tomó de la mano y con la ropa y el pelo agitados por el viento, se perdieron al otro lado de la loma. Los dos peones, en cuestión de segundos llegaron al pie del cerrito y empezaron a ascender lo mas rápido posible, cuando estuvieron en la cima no lo podían creer… Ambos habían desaparecido inexplicablemente.        

Bajaron unos metros al ver que ciertos objetos blanqueaban sobre unas rocas, al acercarse, se dieron cuenta con gran asombro que eran sus ropas y calzado, pero… ¿Dónde estaban el y la extraña mujer? ... Cuando observaron con mas atención el suelo con piedras y tierra suelta, muy claramente vieron las huellas, primero, de pies humanos descalzos; luego, de dos enormes serpientes de cascabel que desaparecían en un hoyo grande, al pie de una roca.        

Los trabajadores de la finca estaban totalmente desconcertados, atónitos…  Por fin uno se atrevió a decirlo…        

___ ¡Se convirtieron en víboras! ... ¡Se convirtieron en enormes serpientes de cascabel! ... ¡El dulce nombre de Jesús! ... ¡Ella era la mujer serpiente… Que se lo llevó!___        

Ambos se santiguaron varias veces y bajaron corriendo la pedregosa pendiente; en seguida, pesadas y dispersas gotas de agua empezaron a caer como avanzada de la tormenta sacando vapor de las rocas; después se precipitó el gran torrente de agua con toda su intensidad, inundándolo todo.        

Cuando dejó de llover la tarde languidecía; luego oscureció y apareció una enorme luna llena que iluminó todo con gran palidez. Los signos de la noche se hicieron presentes: Grillos, tecolotes, lechuzas, coyotes que aullaban lúgubremente, sapos y ranas en las charcas que dejó la tormenta; pero por encima de aquellos sonidos se escuchaba en el entorno la extraña melodía; que como un murmullo se elevaba por el aire, nada mas que ahora claramente se distinguían dos voces… Una de mujer  y otra de hombre.         Desde entonces, algunas calurosas tardes o en noches de luna llena; suele escucharse en el agreste lugar aquel canto melancólico a dueto, como un murmullo distante y en oleadas…

Aunque también hay quien ha escuchado claramente una voz masculina pidiendo auxilio desesperadamente.        

F I N                                                      

 

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